Estimular y potenciar

La infancia dejó de ser un todo unitario a medida que avanzaba la investigación sobre el desarrollo humano. Hoy se considera una etapa de la vida con distintos periodos significativos de evolución. Erik H. Erikson, en su conocida Teoría del Desarrollo Psicosocial, le dedica una atención mayor que a ningún otro momento de la vida. Considera que las personas atraviesan, en poco tiempo, cuatro periodos del ciclo vital que serán de enorme trascendencia en el futuro: infancia, niñez, edad del juego y edad escolar. A lo largo de esos momentos diferenciados se puede ver que, desde el punto de vista del ocio, existen dos elementos comunes: Juego y cambio.

Independientemente de lo que hagamos, la infancia es un periodo de crecimiento y desarrollo que se traduce en cambios de gustos, juegos y motivos de disfrute. Respetar ese proceso y potenciarlo ha de ser un objetivo que oriente a los adultos responsables de la educación infantil. Gracias a él se accede  a una vida más compleja, en la que emerge un paulatino sentido del ocio que se aprecia en dos manifestaciones diferenciadas. Una de carácter sensitivo y otra mental.

La primera va unida al disfrute de las sensaciones que entran por los ojos, el sonido, gusto, tacto u olor. Sensaciones que se van a ir desarrollando por si solas, en virtud de los procesos del crecimiento, pero que, en la medida que los adultos somos conscientes de ello, se pueden cultivar y fomentar. Disfrutar jugando con colores, texturas, sonidos, canciones y músicas, o asociando olores y sabores a contextos de vida y naturaleza son acciones que ayudan a adquirir competencias que, cuando se gestionan bien, hacen que la persona se sienta satisfecha y segura.

Lo mismo ocurre con lo que podríamos llamar el sentido mental del ocio, que se desarrolla con el conocimiento. La curiosidad y la necesidad de repetición que se despiertan con el relato de los cuentos, se pueden trasladar a otros ámbitos, fomentando el deseo de saber más de aquello que interesa y abriendo la puerta al vasto mundo de la cultura. Algo semejante ocurre con las adivinanzas, los trabalenguas u otros juegos asociados al descubrimiento. El avance en la complejidad del juego favorece el cambio de aptitudes y actitudes ante las circunstancias, incidiendo en la reorganización y la comprensión de la realidad.

El crecimiento demanda profundización, la adquisición de niveles más altos de comprensión que van más allá de la simple acumulación de datos. La estimulación consciente de nuevos intereses de ocio durante la infancia facilita la adquisición de formas cualitativamente diferentes de motivación y desarrollo. La potenciación de un ocio adecuado a cada periodo del ciclo vital infantil resulta esencial para un ejercicio óptimo de las capacidades emergentes en esa parte, tan importante, de nuestra vida.

 

Manuel Cuenca Cabeza  27/02/2021

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