El Viro-Aburrimiento

La crisis del coronavirus está teniendo un impacto personal y social inesperado. Una parte de la población ha asumido un rol solidario y heroico que los demás aplaudimos y alabamos cada día. El resto estamos confinados en casa y tratamos de sobrellevar el encierro del mejor modo. Por fortuna, nos acompañan medios tecnológicos, que se han hecho indispensables para comunicarnos con el mundo exterior. Gracias al WhatsApp ha llegado a mis manos un video breve, que se ha hecho viral en los últimos días. La cámara de un teléfono móvil muestra la imagen panorámica de una ciudad de provincias, Gijón, desierta, en una mañana soleada. El silencio de ausencia  de gente en la calle, se rompe de repente por el grito de un joven asomado a una ventana. Solo dice esto: “¡Me aburrooooooooo!”

El caso de este chico es, sin duda, el de otras personas que, en las circunstancias actuales, están sufriendo de un modo especial el viro-aburrimiento. El filósofo H.G. Gadamer afirmaba que nuestra experiencia del tiempo, la práctica y normal, es la del «tiempo para algo», un tiempo que hay que llenar siempre con algo, como si fuese un recipiente vacío. Quienes llenaron su vida de ajetreo y distracciones sin sentido se encuentran ahora en esa situación de vacío. Pienso que una de las razones es porque nunca entendieron la diferencia entre tiempo libre y ocio. Cuando no sabemos cómo llenar el tiempo, surge una falta de sentido que es propia del aburrimiento.

El que no sabe qué hacer en su tiempo libre aspira a llenarlo como sea, a entretenerse en algo “para matar el tiempo”. Y aquí es donde se ve la diferencia entre quien sabe lo que es vivir el ocio y quien no, entre quien hace algo porque le agrada y tiene un sentido para sí y quien siempre ha hecho lo que hacían los demás. El ocio del que hablo es la actividad gustosa que estaríamos dispuestos a realizar sin que nos pagasen nada, porque es un modo de expresión y desarrollo acorde con el ser personal de cada cual. Por eso, el que tiene claro su ocio y lo pone en práctica no desea “matar el tiempo” sino vivirlo. El ocio es un tiempo de re-creación de sí mismo.

La vivencia de ocio gana significación, importancia y calidad en la medida que se separa del mero “pasatiempo” y se incardina en nuestras vidas rompiendo las barreras del tiempo objetivo. De modo que no es extraño que el aburrimiento se haya considerado también como “enfermedad del tiempo” y como  incapacidad para experimentar el ocio. El ocio que va más allá de la diversión, se trasforma en un “tiempo para sí mismo”, un tiempo interior del que podemos disponer libremente, sin las restricciones impuestas por el contexto o el ambiente.

Por eso, al joven que gritaba en la ventana le aconsejo que, si se aburre, mire hacia su interior y vea qué hacer  para salir de esa situación, porque el aburrimiento puede ser la antesala de la creatividad. Éste también puede ser un buen consejo para tantos padres excesivamente preocupados por divertir a sus hijos durante esta confinación. A ellos les toca decidir si han de enfrentarse a su tiempo vacío o si les ayudan a encontrar un ocio con sentido que les permita superar el viro-aburrimiento. Esta puede ser la otra cara del mensaje que el joven de Gijón dejó en el aire desde su ventana.

 

Manuel Cuenca Cabeza 05/04/2020

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