Sentido y desarrollo

Hace unos cuantos meses que me cuestiono la importancia de reflexionar sobre el sentido de lo que hacemos y, más concretamente, sobre el sentido del ocio que experimentamos a lo largo de nuestra vida; algo que, aunque lo parezca, no es un asunto baladí. Tras revisar la amplia bibliografía que conozco sobre el ocio, he llegado a la conclusión de que no hay nada escrito específicamente sobre ese tema, al menos nada que haya podido encontrar. Por esa razón me he animado a escribir un libro sobre esta cuestión del que ya tengo un primer borrador. Apenas se ha investigado sobre el sentido del ocio en nuestra existencia, a pesar de que aquello que nos gusta y disfrutamos haciendo libremente, sin obligación de hacerlo, que es lo que yo entiendo genéricamente por ocio, forma parte de los anhelos y aspiraciones que ocupan mucho de lo que pensamos y hacemos en el día a día.

A medida que el ocio se va consolidando en las generaciones más jóvenes como un valor importante y como fuente de sentido vital, no solo de diversión, su impacto en otras esferas de la vida es cada vez mayor. Pero, cuando el objetivo es potenciar el valor del ocio como factor de desarrollo personal y social, las posibilidades que se pueden llevar a cabo desde el hogar siempre serán limitadas. Se requiere el apoyo del entorno comunitario que, en nuestro caso, se canaliza a través de la gestión municipal. Esto hace que el ocio como factor de desarrollo estable y continuado a lo largo de la vida sea una cuestión social y requiera una necesaria colaboración institucional. No se trata solo de recursos, las políticas de educación ciudadana tienen aquí un ámbito que no debieran olvidar.

A mi modo de ver, la desigualdad de oportunidades en el acceso al disfrute de un ocio positivo, capaz de desarrollar a las personas y las comunidades, no se genera sólo por el distinto poder económico que, evidentemente, diferencia unas sociedades de otras, sino también, y creo que fundamentalmente, por la desigualdad de acceso a una formación adecuada. El ocio humanista y valioso que defiendo no es una cuestión de mercado, sino algo propio de una persona madura y formada. Y cuando digo esto no me refiero a la posesión de múltiples estudios y títulos académicos, sino a las personas que han sabido cultivar gustos y aficiones y, a través de ellos, han desarrollado su sensibilidad, la apertura a los demás y el gusto por una vida más feliz para todos.

 

Manuel Cuenca Cabeza  15/10/2020

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