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Ocio solidario por Navidad

En 1930, John Maynard Keynes, el famoso economista británico, señalaba que, por primera vez desde la creación del hombre, debíamos enfrentarnos con un problema real y permanente: saber emplear adecuadamente el tiempo liberado de sus necesidades más urgentes y ocupar el ocio para vivir de forma agradable y sabia. Años más tarde, Abraham Maslow, desde la psicología, defendió la noción de desarrollo a través del placer, al constatar que las personas sanas tienden a elegir lo que es mejor en la medida que sus necesidades son aceptadas y realizadas. Cada necesidad básica satisfecha abre el camino a una necesidad superior y, al mismo tiempo, ofrece la posibilidad de vivir experiencias-cumbre, que nos proporcionan la oportunidad de goces intermedios a lo largo de los distintos escalones que conducen a la autorrealización. En 1995, Clayne R. Jensen, al adaptar la escala de necesidades de Maslow al ámbito del ocio, consideró que el ocio solidario es el horizonte más elevado al que puede llegar la vivencia positiva de ocio. Desde el punto de vista de este autor, es una necesidad que aparece después de haber satisfecho las de participación activa y exploración creativa.

Ante esta situación y, con la cercanía de las fiestas navideñas, me pregunto: ¿No deberíamos saber más de las experiencias solidarias en cuanto horizonte de un ocio más humano, capaz de responder a las demandas de una nueva sociedad? Vivir un ocio solidario implica disfrutar con el bien del otro, olvidarse de sí, salir de uno mismo para hacer más feliz el mundo de los otros. Viktor  Frankl, en La voluntad de sentido, afirma que no podemos enseñar valores si no los vivimos.

Hace unos años realizamos una investigación sobre personas solidarias que dedicaban parte de su tiempo a ayudar a los demás y les preguntamos ¿Qué les aportan las acciones que realizan? Más de la mitad de las entrevistas  respondieron que les aportaba “una enorme satisfacción”, la satisfacción desinteresada de hacer algo por los demás. Otros añadían “el hecho de sentirse útil”, el contacto personal “con seres humanos”  o el ambiente de amistad. También aparecían otras razones menos generales que no vienen al caso porque, lo que me ha recordado todo esto, es que acaban de encender el alumbrado de mi calle. Y me he preguntado si la Navidad es solo una fiesta de luces que invitan a comprar o son unos días para disfrutar de un ocio solidario.

 

Manuel Cuenca Cabeza, 13/12/2019

 

 

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