Repensando el ocio de los jóvenes

El ocio es un fenómeno de suma importancia en la vida, los deseos y la escala de valores de los jóvenes de hoy. En el ocio y sus diversas prácticas encuentran un ámbito de realización personal, identificación, relación y socialización. Sin embargo, a menudo se tiene una visión parcial del tema, pues, de una parte,  hay tantas clases de jóvenes como personas y, por otra, el ocio tampoco es una realidad que se limite a una práctica concreta. Se puede decir que el ocio se manifiesta como un conjunto de vivencias que se relacionan con los valores, gustos, intereses y formación de las personas. Además de ser un ámbito de realización personal, el ocio moderno tiene la capacidad de desarrollar nuevas redes sociales de comunicación y convivencia, que permiten establecer vínculos personales y comunitarios diferentes a los que existían tradicionalmente por motivos de clase, familia o trabajo.

Que una visión de conjunto sobre las prácticas de ocio de los jóvenes indique que domina el componente lúdico y festivo no es nada nuevo en el fondo, aunque lo sea en la forma. Es lógico que a los jóvenes les guste divertirse, reunirse, salir e ir de fiesta. Lo que, a mi modo de ver, resulta novedoso es que ese tipo de actividades juveniles no siempre se planteen como medio de encuentro y comunicación, sino que con frecuencia, según los estudiosos, sean una expresión de egocentrismo, hedonismo, búsqueda de diversión y “presentismo” (la vivencia del presente), es decir, un modo de expresión de estos valores imperantes.

Hay datos más alentadores que señalan otros motivos: el disfrute de estar con otros, el gusto por el deporte, el avance del ocio cultural en una sociedad con mayor índice de formación, el gusto por los viajes y lugares, así como la valoración de lo ecológico. También la imagen positiva de las ONGs y la posible “mala conciencia” por la falta de colaboración y compromiso con ellas. Pero estas prácticas positivas deben enfrentarse a potentes enemigos tales como la comodidad, la publicidad, las redes sociales y múltiples ofertas consumistas e interesadas. Es la lucha de lo fácil frente a lo difícil, de lo simple frente a lo complejo; aunque lo que en un primer momento pueda parecer complejo, más adelante se torne simple y satisfactorio.

La preocupación por la drogadicción, los juegos de azar, la adicción a las tecnologías o los efectos de las fiestas de fin de semana, están ocultando el verdadero problema: la falta de iniciativas, recursos y preparación para que los jóvenes puedan vivir un ocio más creativo, capaz de enriquecerles como personas. La alternativa al ocio de consumo no puede repetir los mismos planteamientos y valores que queremos superar. Nos enfrentamos a una tarea que se inicia con un cambio de mentalidad y sigue con un plan de acción realista, asumido por todos y capaz de abrirse a valores y horizontes diferentes. Para ello se hace necesario profundizar en un conocimiento más global del ocio y sus posibilidades y, paralelamente, ir distanciándose del concepto de ocio centrado en la diversión y el consumo, para explorar un ocio entendido como experiencia humana enriquecedora.

 

Manuel Cuenca Cabeza, 12/1/2020

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