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El ocio como autorrealización

El ocio como autorrealización

Las personas somos los únicos sujetos y protagonistas de la libertad; pero el ocio es un campo específico en el que la necesidad de expresar esa libertad es posible y conveniente. En las prácticas de ocio ve Eliade el refugio de valores existenciales escondidos por la racionalidad del trabajo u otras formas de eficacia propias de la vida moderna. El ocio, en cuanto fuente de satisfacción, alegría o visión lúdica y creativa del mundo, nunca podrá ser algo impuesto, sino que, al contrario, necesita del ejercicio de la libertad; lo que es tanto como decir que se transforma en fuente de autorrealización. Brightbill, un autor de referencia al hablar de la educación del ocio en Norteamérica, llegó a formular una sentencia que recoge con acierto esta idea: Dime lo que eres cuando eres libre de realizar tus deseos y te diré qué clase de persona eres.

El ocio, en cuanto autorrealización del ser humano, es un proceso dinámico, que crea un ámbito de mejora relacionada con el conocimiento, las habilidades y la toma de conciencia respecto a sí mismo y los otros. La persona educada en ocio siente que su capacitación para ser feliz en sus experiencias de ocio depende de ella misma.  De modo que el autodesarrollo conduce a la autonomía, en el sentido de ser capaz de tomar decisiones que, en el caso del ocio, sirven para mejorar la experiencia y la vida. El ocio, en cuanto autorrealización de la persona, es una manifestación de dignidad, no de egoismo. Su reivindicación es independiente de la del trabajo, de ahí que no pueda considerarse un premio. Es un derecho personal y social al que deben tener la posibilidad de acceder todos los ciudadanos.

 

 

Más información:

Manuel Cuenca Cabeza, 2004, Pedagogía del Ocio: Modelos y Propuestas. Bilbao: Universidad de Deusto.

 

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