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Raíces de la fiestas navideñas

Raíces de la fiestas navideñas

Las celebraciones festivas del imperio romano cambiaron a partir del Concilio de Nicea (año 325), que estuvo presidido por Constantino. Hasta ese momento el número de fiestas, ludos escénicos, circos y demás juegos ocupaban la mitad del calendario lectivo. Los dos momentos cumbres eran los solsticios. En Nicea se acuerdan aspectos trascendentes que incidirán en las celebraciones festivas del futuro, uno de ellos fue la prohibición de que los cristianos participasen en cualquier celebración pagana que no hubiese sido reconvertida y asumida por la iglesia como celebración propia.

El 25 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, los romanos celebraban el día del nacimiento del sol «Dies Natalis Solis Invicti». El pueblo acudía en masa para ver la aurora en un momento en que el sol iniciaba su renacimiento. Pero esta fiesta cambió definitivamente con el papa Liberio, en el año 354. Él decretó que el 25 de diciembre fuese la fecha del nacimiento de Cristo, lo que posibilitó que los anteriores cultos paganos se fuesen cristianizando poco a poco. De hecho, existen testimonios de que este cambio ya se había realizado en la antigua Roma a partir del año 336.

En España la actual celebración navideña se aceptó a partir del Concilio de Zaragoza, año 380. La transformación no debió ser fácil, pues el mismo San Agustín intervino en ella animando a los creyentes para que ese día fuese dedicado al «Creador del Sol» y no al sol. La fecha fue aceptada al final, aunque las comunidades ortodoxas Armenias aún se mantienen fieles a sus prácticas anteriores y celebran el nacimiento de Jesús el 6 de enero.

Cercana a la Natividad, la fiesta de fin de año procede del momento en el que Julio Cesar modifica el calendario, imponiendo en Roma el nuevo calendario solar. Anteriormente se consideraba que el fin del año era en el equinoccio de primavera, momento que distintos estudiosos relacionan con las fiestas del Carnaval. El inicio de año coincidía en Roma con la fiesta de las Carnestolendas, dedicadas al dios Jano. Era un momento en el que los romanos de buena parte del imperio se disfrazaban con máscaras de animales, organizando todo tipo de celebraciones y juergas. La iglesia santificó estas fechas dedicando el 31 de diciembre a San Silvestre y el 1 de enero a Cristo

 

Más información:

Cuenca Cabeza, M. (2001) Fiesta y juego en el desarrollo humano. En Csikszentmihalyi, Cuenca, Buarque y otros, Ocio y desarrollo. Potencialidades del ocio para el desarrollo humano. Bilbao: Universidad de Deusto, pp. 55 – 103

 

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