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Ocio y salario

Con la implantación de la sociedad industrial  el trabajo perdió antiguas formas retributivas, tales como la recíproca comunitaria o el pago en especie, imponiéndose la norma de la remuneración monetaria, relacionada con los bienes y objetos de producción. Todo lo improductivo empezó a no considerarse trabajo o, en todo caso, actividad de carácter secundario, un modo de entender las cosas que llega hasta nuestros días.

Las nuevas tecnologías han cambiado los hechos en pocos años. Frente a las estadísticas del sector productivo industrial, los datos que se manejan señalan que, en muchos países desarrollados, el sector servicios mantiene ocupada  a la mayor parte de la población activa, entre el 70% y el 80% según los casos. Esto indica que el enfoque ha de ser distinto. En una economía de servicios el valor de las cosas no guarda relación directa con sus costes de producción, sino con su rendimiento en el tiempo. En los productos de hoy importa tanto el diseño como su elaboración, comercialización, uso y eliminación final. Un proceso complejo cuyas etapas a menudo se llevan a cabo en distintos países y, con frecuencia, en diferentes continentes de la tierra.

Pero, en una sociedad de servicios ¿tiene sentido hablar de productos, de trabajo despersonalizado y del dinero como único modo de remuneración? ¿Dónde quedó la vocación, la autorrealización a través del trabajo y el equilibrio armónico de la vida? Muchos de los servicios que se ofrecen en la sociedad actual están relacionados con el disfrute de la cultura, el turismo, el deporte y la diversión. Son servicios y productos nuevos, propios de la sociedad del ocio en la que vivimos.

El ocio ha dejado de ser un elemento secundario en nuestras vidas para situarse en el centro y brindarnos mucho de lo que el trabajo ofrecía tradicionalmente: actividad gustosa, desarrollo personal y sentido de vida. Pero es evidente que todo esto no lo puede asumir el ocio-diversión que tanto se manipula en esta sociedad de consumo. El ocio capaz de asumir las funciones que ha ido dejando atrás el trabajo de la época tecnológica ha de ser un ocio valioso, requiere un tiempo personal en el que podamos pensar, decidir, cuidar a la familia, amar y, sencillamente, vivir con sentido.

Por eso, a la hora de ajustar el salario, cada vez hay más jóvenes que piden tener más tiempo para sí, un tiempo de ocio valioso que les permita vivir cada día haciendo aquello que de verdad les gusta, que les permita estar con quienes aman. Un tiempo para vivir un ocio valioso con sentido.

 

Manuel Cuenca Cabeza 06/02/2020

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