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Intervenir en ocio requiere ideas claras

La necesidad de tener ideas claras, sobre lo que se quiere hacer y el punto de vista desde el que hacerlo, es una de las constantes que aparece en la literatura relacionada con la intervención política en asuntos de ocio. Una transformación en positivo, que considere al ocio como dinamizador, debe asumir el concepto de ocio como valor y tender a desarrollar ocios valiosos.

Esto hace necesario conocer el proceso que se esconde tras las experiencias de ocio y saber actuar en consecuencia. El concepto del ocio experiencial, que se desarrolla en la última década del pasado siglo XX, no se populariza hasta los inicios del siglo XXI. Es el momento en el que lo estudiamos con profundidad en el Instituto de Estudios de Ocio de la Universidad de Deusto.

Desde entonces, la comprensión del ocio como experiencia (y no como actividad) es un aspecto importante para cualquier intervención y, muy especialmente, para el diseño de políticas de ocio. Una actividad puede ser un servicio, pero la experiencia va más allá, el ciudadano/cliente debe involucrarse en la oferta y elaborar constructivamente la vivencia. Esto exige reflexión y, en el caso del ocio, el reconocimiento de que la propuesta puede ser satisfactoria y, desde un punto de vista genérico, bella. No es la intensidad de ciertos estímulos externos la que nos impone una determinada vivencia, sino el hecho de reconocerla como “deseable” y “bella”, desde una perspectiva social y culturalmente mediada.

La satisfacción de vivir o visitar una ciudad, una experiencia de ocio frecuente en nuestros días, está mediada por nuestro punto de vista social y cultural. De ahí que la cultura sea clave para el desarrollo urbano. Los monumentos, el patrimonio y las tradiciones culturales, en cuanto generadoras de experiencias de ocio satisfactorias, ponen vida y dinamizan las ciudades. Esta es la razón por la que uno de los objetivos actuales de la UNESCO sea la incorporación de la cultura a las políticas de planificación urbana sostenible, sin ella solo tendríamos construcciones de hormigón y acero.

Vale la pena recordar aquí algunas de las recomendaciones que aparecen en el Informe mundial sobre la cultura para el desarrollo humano, publicado por la UNESCO en 2016, donde podemos leer propuestas tales como:

  • La necesidad de promover ciudades a escala humana y de uso mixto, integrando recursos culturales y naturales, así como aumentando el conocimiento sobre los bienes culturales históricos.
  • La conveniencia de salvaguardar el patrimonio urbano cultural y natural, de modo que las comunidades y las personas puedan crear vínculos con su entorno.
  • La necesidad de mejorar la calidad de los espacios públicos mediante la planificación, el diseño y la integración de una perspectiva cultural basada en el patrimonio y las actividades culturales y creativas que fomenten la inclusión social.
  • La sugerencia de que las autoridades locales integren el patrimonio y los conocimientos tradicionales para atender los problemas medioambientales y reforzar la resiliencia urbana.

Todas estas propuestas hacen ver el potencial del patrimonio como generador de experiencias de ocio valioso y nos introducen directamente en un aspecto digno de analizar, del que nos ocuparemos en otro momento, la estrategia, el modo en el que las nuevas ideas de ocio se pueden ir haciendo realidad.

 

A  propósito de la publicación de Cuenca Cabeza, M. El papel del ocio en la transformación de las ciudades: reflexiones desde el caso Bilbao, en  Claudio A. Silva Gutierrez y Fernando Edi Chaves (Organ.), Ócio e Cidade. O papel do ócio na transformação das ciudades, pp. 9- 50.  São Leopoldo RS Brasil: Editora Unisinos, 2018.

 

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