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Sentido humano del ocio

Hoy hablaré del ocio en cuanto experiencia humana integral, algo bien diferente del ocio-producto que nos ofrece la sociedad de consumo.

Es bien sabido que, con la llegada del III milenio, se ha producido un cuestionamiento de nuestra forma de ser y vivir de difícil parangón. Ello ha puesto de manifiesto la importancia de nuevos estilos de vida que plantean interrogantes desconocidos. El ocio es uno de los aspectos que más están incidiendo en este cambio y ello se debe a múltiples razones. Una de las más llamativas es que la realidad que nos rodea ha aumentado nuestras posibilidades de elección exponencialmente. El fácil acceso a las cosas y a los servicios nos ha deslumbrado en un primer momento, pero también nos ha permitido comprobar que la satisfacción no se consigue con tener más o gastar más, sino optando por aquello que nos haga sentirnos mejor con nosotros mismos y nuestro entorno. En un contexto así, no es extraño que pensemos en otras maneras de entender ocio.

Es frecuente que, en el lenguaje cotidiano, utilicemos el concepto de ocio con un significado similar a tiempo libre o realización de unas determinadas actividades. Pero, en su sentido más estricto, el ocio no debe ser identificado con el tiempo, ni con la actividad en sí misma. No es suficiente con el tiempo libre para tener una experiencia de ocio, el tiempo es una coordenada vital presente en cualquier acto humano. La importancia actual del ocio radica en el hecho ser un ejercicio libre, de identidad, autorreconocimiento y voluntad.

Las aproximaciones humanistas al tema se sustentan en el hecho de que, cuando se trata de una vivencia auténtica, las experiencias de ocio nos realizan e identifican personal y grupalmente. También inciden en el desarrollo de valores y nos proporciona múltiples beneficios asociados a la salud y el bienestar. En cualquier caso, el ocio humanista al que me refiero no es algo que se desarrolla espontáneamente, es una vivencia basada en la formación. Nuestros gustos y deseos están tamizados por la cultura que tenemos y en la que vivimos.

Eso significa que el ocio no es solo cuestión nuestra; además del contexto, también es el resultado de las experiencias vividas en momentos anteriores. La génesis del ocio que tenemos se relaciona con gustos personales y sociales que antes no existían; con prácticas y hábitos de vida que, independientemente de las posibilidades, se abren camino en el tiempo histórico y se convierten en objeto de deseo de una comunidad determinada.

De ahí que el ocio humanista que se vislumbra como ideal sea un ocio humano y libre, capaz de realizar a las personas y dar sentido a sus vidas. Es evidente que esta concepción se aleja del ocio que identificamos con el descanso y el premio al trabajo realizado. Al contrario, forma parte de una percepción de ejercicio de libertad y, consiguientemente, autodesarrollo personal y comunitario. Un ocio así es fuente de satisfacción, alegría y creatividad, un ámbito específico en el que la expresión personal es posible y conveniente y, por tanto, algo que nunca podrá ser impuesto. El ocio que necesitamos es una experiencia humana relacionada con nuestros valores y significados profundos. ¿Has pensado alguna vez en esto?

 

Manuel Cuenca Cabeza: 26 de agosto de 2019

 

 

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