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El ocio como ámbito para la animación

El ocio como ámbito para la animación

Si admitimos la separación entre ocio y tiempo libre, considerando que el tiempo libre es simplemente una posibilidad o, en todo caso, una condición para la práctica de ocio, pero que en el fondo no se puede identificar con él, el punto de partida lo tenemos ahora en el ocio. En este caso, la clave no es el aprovechamiento del tiempo sino las posibilidades que nos ofrecen las experiencias de ocio que, por definición, se caracterizan por ser “acciones satisfactorias”. La consideración de la satisfacción, o lo satisfactorio, como punto de partida para el desarrollo de acciones propias de la animación sociocultural no es una cuestión baladí. Es bien sabido que las experiencias de ocio nos sumergen en el mundo de las emociones positivas, con sus características específicas y sus efectos. 

La distinción entre las emociones positivas y negativas arranca de los estudios de Baruch Spinoza, que señaló que todos los posibles tipos de emoción se pueden considerar formas de placer o dolor. Algunas  de las emociones positivas a las que nos referimos son: felicidad, alegría, orgullo, amor, afecto, alivio etc. En general se puede decir que con las emociones positivas se tiene una experiencia subjetiva placentera que favorece la realización de las propias metas y/o produce bienestar; mientras que las negativas, basadas en un núcleo subjetivo de malestar o dolor, normalmente interfieren el logro de las metas. 

Todo esto sirve para señalar que el ocio es un excelente ámbito desde el que se puede intervenir en el desarrollo personal, social y comunitario. Valga, como muestra, una breve reflexión sobre cuatro de los muchos posibles temas que se pueden desarrollar directamente desde las experiencias de ocio.

Identificación e individualización

Rechazadas las hipótesis que defendían el carácter independiente del ocio, crece el número de expertos que lo entienden como una experiencia integrada en el sentido de vida de las personas, relacionada con las demás experiencias y valores importantes de nuestras vidas: trabajo, familia, relaciones con la comunidad etc. Según Kleiber (2000:70):” El ocio proporciona a la persona la oportunidad de responder a lo que resulta más intrínsecamente interesante o agradable para ella, ya sea una actividad en particular, una conversación con un amigo, o el atisbo de alguna idea fascinante. Y estas respuestas pueden tener un impacto en el desarrollo de la vida de esa persona”.   

A partir de las experiencias de ocio, la animación sociocultural puede trascender en otros ámbitos de identificación  e individualización, llegando así a profundizar y poner en práctica valores tales como respeto, diálogo o tolerancia, junto a capacidades como comprensión o empatía.

Consumo o compromiso

La percepción ambivalente del ocio es tan antigua como la humanidad, recuérdese la oposición ocio/ociosidad. Tradicionalmente el ocio se ha opuesto al trabajo hasta el punto que, destacados pedagogos de la Escuela Nueva, señalaron la importancia de eliminar semejante dicotomía, poco beneficiosa para el desarrollo humano, personal y social, y gran impedimento para el desarrollo integral y armónico que ellos propugnaban. A medida que las antítesis anteriores pierden fuerza, el ocio del siglo XXI debiera resolver también una ambivalencia nueva, en este caso se trata de encontrar el equilibrio entre el consumo y la experiencia de compromiso. Las vivencias satisfactorias, al contrario de lo que se piensa, son ocasiones excelentes para cultivar la apertura, la comunicación o la capacidad de compartir.

Salud

Más allá del punto de vista económico, Geofrey Godbey (1999) puntualiza que, a lo largo del pasado siglo, el ocio adquirió una importancia inesperada desde el punto de vista de la salud. Todo ello ha traído consigo un cambio de percepción, propio de la modernidad, en el que el ocio ha pasado de ser un concepto de recuperación y descanso laboral a una aspiración placentera con significado propio. Los Estudios de Ocio han profundizado en los beneficios terapéuticos del ocio y, por ende, en la salud. De ahí que las experiencias de ocio sean un ámbito excepcional para introducirnos en el mundo de la higiene, de los hábitos de vida o de la utilización del tiempo desde un punto de vista saludable.

Ocio paliativo

Junto al ocio saludable, el ocio paliativo es uno de los conceptos renovados que cuenta con múltiples posibilidades de futuro. El ocio actúa como experiencia ” paliativa ” cuando permite a las personas adaptarse a los cambios de desarrollo y a los acontecimientos relevantes de sus vidas, como puede ser la pérdida de una persona querida o el empleo. El distanciamiento que se activa a través del ocio, actúa como barrera protectora y permite a las personas adquirir un cierto control sobre esas experiencias estresantes. La risa, la diversión o el contagio de la alegría pueden ser, en muchos casos, la mejor medicina. Además, las actividades de ocio sirven en ocasiones como un adaptador, proporcionando una cierta continuidad y estabilidad para hacer frente a la pérdida.

Con la situación apuntada hasta aquí, parece evidente la necesidad de encontrar nuevos cauces de comunicación entre Ocio y Animación Sociocultural.

 

Más información

Cuenca Cabeza, M. (2006) Ocio e Animaçao: novos tempos, en Nunes Peres, A. y De Sousa Lopes, M. (coords)  Animaçao, cidadania e Participaçao. Chaves (Portugal): Associaçâo Portuguesa de Animaçâo e Pedagogía, pp. 126-139.

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